Un invitado celíaco no necesita un plato «sin gluten»: necesita un plato que no haya tocado gluten en ningún momento. Esa diferencia es la que tu catering tiene que entender, y la mayoría la entiende bien si se lo explicas con tiempo y con el dato completo.

Celíaco no es lo mismo que intolerante

Y no es una cuestión de vocabulario. La celiaquía es una enfermedad autoinmune: una cantidad de gluten que no se ve, la que queda en una freidora compartida o en un cuchillo, provoca daño. La sensibilidad al gluten o la intolerancia produce malestar, pero no ese daño, y suele bastar con retirar el ingrediente.

En cocina, la diferencia es enorme:

  • Para un intolerante, se cambia el pan y se evita la salsa con harina.
  • Para un celíaco, se cocina aparte, con utensilios limpios, sin freidoras compartidas y sin trazas.

Por eso el dato tiene que llegar con la palabra exacta. «Sin gluten» a secas obliga al catering a preguntar de nuevo o, peor, a asumir el caso fácil. Cómo se recoge ese dato para todos los invitados, no solo para los celíacos, está en alergias e intolerancias en el menú de boda.

Cómo preguntárselo al invitado

Con la confirmación, abierto, y con un segundo mensaje si responde que es celíaco:

Casi todos los celíacos agradecen la pregunta, porque están acostumbrados a que nadie la haga. Y la respuesta literal es la que va a la lista y al catering, sin resumir.

Con cerca de un 1 % de la población celíaca en España, en una boda de 120 invitados lo normal es tener uno o dos. Muchas parejas descubren que tienen alguno solo porque preguntaron.

Lo que tu catering tiene que saber (y demostrar)

Cinco preguntas para la reunión. Si dudan en más de una, preocúpate:

  1. ¿Cocinan el plato sin gluten en una zona o momento aparte? La contaminación cruzada es el problema, no la receta.
  2. ¿Las freidoras son compartidas? Unas patatas fritas en el aceite de las croquetas ya no son sin gluten.
  3. ¿Qué pasa con el cóctel? Es donde más falla: canapés, tempuras, tostas. El celíaco necesita saber qué puede coger o tener su bandeja.
  4. ¿Y el pan y la tarta? Pan sin gluten en la mesa, y una porción de tarta aparte o un postre alternativo.
  5. ¿Cómo se identifica el plato en sala? Nombre y mesa desde cocina, y el camarero de esa mesa avisado.

Y una más que casi nadie hace: la barra libre. La cerveza tiene gluten; la mayoría de los destilados, no. Que haya una cerveza sin gluten es un detalle que cuesta cuatro euros.

El plazo y el formato

El mismo que el resto de menús especiales: tres semanas antes, con la lista cerrada, en una tabla con nombre, mesa, tipo y detalle literal. El celíaco va en esa tabla con una nota más: «celiaquía, sin trazas», o lo que haya dicho.

Y en la misma tabla van los vegetarianos y veganos, que se recogen con la misma pregunta; cuántos suelen salir y cómo pedirlos está en menú vegano y vegetariano: cuántos pedir.

Lo que la mayoría hace mal

  • Apuntar «sin gluten» y no saber si es celíaco. Es la diferencia entre un plato y una intoxicación.
  • Confiar en la carta. «Tenemos opción sin gluten» no dice nada de la freidora.
  • Olvidar el cóctel y el postre. El menú está resuelto; el invitado lleva dos horas sin poder comer nada.
  • No avisar al camarero. El plato sale bien de cocina y se sirve en la mesa de al lado.

¿Y si el dato llegara ya con la palabra exacta?

Preguntar a cada invitado, volver a preguntar al que dice que es celíaco y transcribirlo bien a la lista es justo el tipo de tarea que se hace a medias cuando llevas cuarenta conversaciones abiertas.

Kofirma pregunta las alergias y dietas con la confirmación por WhatsApp y guarda la respuesta literal de cada invitado en tu lista, junto a su mesa. La tabla para el catering sale con la palabra que dijo el invitado, no con tu resumen. Puedes verlo en lista de invitados para bodas.


Con un celíaco en la boda, lo que importa no es el menú: es que el catering sepa que lo es, cocine aparte y el plato llegue a la mesa correcta. Todo eso empieza por una pregunta bien hecha, tres semanas antes.