Es la mesa que más tiempo quita de todo el seating plan, y casi nunca por el número de sillas. Padres divorciados, una nueva pareja de por medio, dos hermanos que no se hablan desde hace años: son cuatro o cinco personas que condicionan un plano de ciento veinte.

La buena noticia es que hay una forma de resolverlo que funciona casi siempre, y no consiste en encontrar la colocación perfecta.

La regla que resuelve el 90 %

Que las dos mesas tengan el mismo rango importa tanto como la distancia. Si un padre está en la primera fila y el otro al lado de la puerta de cocina, el mensaje se entiende perfectamente, aunque nadie lo diga.

Empieza por aquí, no por el final

El error habitual es dejar estas mesas para cuando el resto está colocado. Para entonces solo queda un hueco libre, y es el peor.

Colócalas las primeras, con el plano vacío y todas las opciones disponibles. Es el paso 3 del método completo: el orden entero está en cómo hacer el seating plan.

Pregunta antes de decidir

Parece obvio y casi nadie lo hace: habla con ellos. Una llamada de tres minutos a cada parte, por separado y antes de dibujar nada.

Qué preguntar:

  • «¿Te importa estar en una mesa cerca de X?»
  • «¿Vienes con pareja? ¿Se sienta contigo?»
  • «¿Hay alguien con quien prefieras no coincidir?»

Casi siempre la respuesta es más flexible de lo que temías. Y cuando no lo es, mejor saberlo ahora que descubrirlo el día de la boda.

Lo que no hay que hacer es preguntar a los dos a la vez, ni convertirlo en una negociación entre ellos. Preguntas por separado, decides tú, lo comunicas hecho.

Las nuevas parejas

Aquí es donde más se enconan las cosas, y el criterio útil es simple: si viene a la boda, se sienta con su pareja. Separarlos convierte a una persona invitada en una persona de segunda, y eso se nota desde la puerta.

Si esa presencia es un problema serio para la otra parte, la decisión no es de seating: es de lista de invitados, y hay que tomarla antes, no colocando sillas.

La mesa presidencial, el punto caliente

Si hay padres separados, la mesa presidencial clásica se complica: es una fila de gente sentada del mismo lado, a la vista de todos, durante toda la cena.

Dos salidas razonables:

  • Mesa de novios para vosotros dos y mesas de honor para cada rama de la familia. Resuelve el problema de raíz y no hay que explicar nada. Los pros y contras de cada formato están en mesa presidencial o mesa de novios.
  • Presidencial sin padres: solo vosotros, los padrinos y los testigos. Cada vez más habitual y menos conflictiva.

Los hermanos, los tíos y el resto del mapa

El conflicto familiar rara vez se queda en los padres. Cuando hay ramas enfrentadas, la mesa no es el problema: la zona lo es.

Reparte por zonas antes de repartir por mesas. Una rama a la izquierda de la pista, la otra a la derecha, y las personas que se llevan bien con todos repartidas entre las dos. Esos invitados «puente» valen oro: colócalos a propósito, no donde sobre sitio.

Lo que no vas a arreglar

Alguien va a quedar descontento. Con una familia complicada, no existe la colocación que deje a todos satisfechos: existe la que reduce los roces al mínimo y te permite disfrutar de tu boda.

Elige la menos mala, escríbela y no la vuelvas a tocar. Rehacer esa mesa cinco veces no la mejora; solo te quita las cinco tardes.

Y una recomendación práctica: avisa a alguien de confianza —un hermano, un amigo, la wedding planner— de que esa mesa existe. Si el día de la boda hay tensión, que alguien que no seáis vosotros esté pendiente.

¿Y si el plano se sostuviera solo?

Cuando la lista de confirmados cambia, estas mesas son las primeras en descolocarse. Con Kofirma, cada respuesta que llega por WhatsApp actualiza sola la lista —quién viene, con quién y cuántos son—, así que las mesas difíciles solo se tocan cuando de verdad hay que tocarlas. Puedes verlo en seating plan para bodas.


Cerca pero no juntos, las mesas difíciles al principio, una llamada por separado a cada parte y la decisión tomada una sola vez. Con eso, la mesa que más miedo daba se resuelve en una tarde.