Tienes el plano cerrado, enviado a la finca y hasta impreso. Y entonces llega el mensaje: «Oye, al final Ana no puede venir». Cuatro días antes.

No es mala suerte: es lo normal. En cualquier boda de cien y pico invitados se mueven entre cinco y diez plazas en la última semana. La diferencia entre las parejas que lo pasan mal y las que no es que unas tenían el plano preparado para moverse y otras no.

El margen que hay que dejar desde el principio

Sin margen, cada persona que entra obliga a mover a otra, que a su vez descoloca una tercera mesa. Con margen, entra y ya está.

Si aún estás montando el plano y no habías contado con esto, está en el paso 5 de cómo hacer el seating plan.

Los cuatro cambios típicos y qué hacer con cada uno

1. Una baja suelta. No hagas nada. Una mesa de diez con nueve personas se ve perfecta y nadie lo nota. Mover gente para «cuadrarla» crea tres problemas donde había cero.

2. Una baja doble o triple. Aquí sí conviene actuar, porque una mesa de diez con seis se ve vacía. Lo más limpio: mueve un grupo pequeño entero desde otra mesa, no personas sueltas. Y si la baja deja una mesa a la mitad, plantéate quitarla y repartir: el cálculo de cuántas mesas necesitas está en cuántas mesas para 100 invitados.

Un aviso: al recolocar, no toques las mesas que te costaron una tarde. Si tienes familias separadas colocadas con cuidado, muévelas las últimas o no las muevas.

3. Un acompañante que aparece. Va a una de tus plazas de margen, en la mesa donde encaje su grupo. Para eso estaban.

4. Un cambio de menú. No mueve sillas, pero sí hay que avisar: el plato tiene que salir de cocina identificado y llegar a la mesa correcta. Cómo pasarlo al catering, en alergias e intolerancias en el menú.

La regla de las 48 horas

Fija una fecha límite y dila en voz alta: «el plano se cierra el miércoles».

A partir de ahí, los cambios no entran en el documento. Van en una hoja aparte —tres líneas escritas a mano— que le das al maître el día de la boda. La finca prefiere mil veces eso a recibir tres versiones distintas del plano en cuarenta y ocho horas.

Y algo que se olvida: si cambias el plano después de mandarlo, avisa expresamente de qué ha cambiado. Un PDF nuevo sin explicación acaba montado con la versión antigua.

Qué llevar el día de la boda

  • El plano impreso, con los cambios anotados a boli si los hay.
  • La hoja de menús especiales: nombre, mesa, plato. En mano del maître.
  • Un responsable que no seáis vosotros. Alguien —hermano, amigo, wedding planner— que resuelva las dudas del salón para que a vosotros no os pregunten nada.

Ese tercer punto es el que más tranquilidad da y el que menos gente prepara.

Los cambios del propio día

Pasan, y casi todos se arreglan solos: alguien se cambia de sitio en el café, dos mesas se mezclan en la barra libre. No es un fallo del plano, es una boda funcionando.

Lo único que conviene vigilar de verdad son los menús especiales: si alguien se cambia de silla antes del segundo plato, su plato puede acabar en la mesa equivocada. Por eso el dato va por nombre, no solo por número de mesa.

Lo que no hay que hacer

  • Rehacer el plano entero por dos bajas. Cada versión nueva es una oportunidad de que la finca monte la equivocada.
  • Reimprimir el cartel de bienvenida a última hora por un cambio. Un nombre tachado y escrito a mano no lo mira nadie; un cartel que llega tarde, sí.
  • Contestar cada cambio al momento. Apúntalos y resuélvelos todos juntos una vez al día. Van a llegar de siete en siete.

¿Y si los cambios llegaran ya ordenados?

El problema de la última semana no son los cambios: es enterarse de ellos por cinco canales distintos —un WhatsApp, una llamada a tu madre, un comentario en la despedida—.

Con Kofirma, cada invitado responde por su mensaje y cualquier cambio actualiza la lista al momento: quién se cae, quién se apunta, quién trae acompañante. Tú miras un sitio, no cinco. Puedes verlo en seating plan para bodas.


Los cambios de última hora no se evitan: se absorben. Dos plazas de margen, una fecha de cierre y una hoja aparte para lo que llegue después. Con eso, la última semana deja de dar miedo.