Una invitación de boda tiene un trabajo: que el invitado sepa dónde, cuándo y qué se espera de él sin tener que escribirte para preguntarlo. Todo lo demás es decoración, y la decoración no evita la ronda de preguntas de la semana antes.

Los datos que no pueden faltar

Seis, y ninguno es negociable:

  • Quiénes se casan. Los dos nombres. Si la invitación la envías por mensaje, esto es más importante de lo que parece: el invitado tiene que reconocer de quién es la boda en la primera línea, antes de abrir nada.
  • El día y la hora de la ceremonia. La hora de la ceremonia, no la hora a la que te gustaría que llegara la gente. Si quieres margen, cítalos antes y dilo así.
  • Dónde es la ceremonia. Nombre del sitio y localidad. Si el nombre es ambiguo —hay varias ermitas con el mismo santo repartidas por la provincia—, añade la dirección.
  • Dónde es el banquete, si no es el mismo sitio. Y la distancia aproximada entre los dos. Es el dato que decide si alguien va en coche o no.
  • Cómo se confirma. Un solo canal. «Contestadme a este mensaje» funciona; «avisadnos» no.
  • Hasta cuándo. Una fecha concreta. Sin fecha límite, la confirmación se queda en la lista de cosas que ya hará mañana.

Con esos seis, la invitación ya hace su trabajo. El resto depende de tu boda.

Los cuatro que se olvidan

Ninguno es imprescindible en abstracto. Todos lo son si en tu boda aplican:

  • Código de vestimenta. Si no lo pones, te lo van a preguntar, y además te lo va a preguntar cada invitado por separado. Una palabra basta.
  • Transporte. Si hay autobús, el punto de recogida y la hora. Si no hay, dilo también: saber que no hay bus es un dato, y evita que alguien cuente con él.
  • Aparcamiento. Solo si la finca tiene un problema real de plazas o está en un sitio difícil. Si no, sobra.
  • Si puede llevar acompañante. Y cuántos. Aquí la invitación es el momento de ser explícito: si el nombre del acompañante no aparece y no dices nada, cada invitado decidirá por su cuenta, y lo descubrirás al cerrar el catering.

Lo mismo vale para los niños: si tu boda es solo para adultos, eso va en la invitación, con nombres y sin disculparse.

Lo que no va en la invitación

  • El número de cuenta. Si alguien quiere regalar dinero, lo preguntará. Ponerlo en la invitación cambia el tono del mensaje entero.
  • La lista de invitados. Ni quién va ni quién no. Es información que circula sola y siempre acaba molestando a alguien.
  • Las instrucciones largas. Si la logística necesita varios párrafos, la invitación no es el sitio: manda lo esencial y deja el detalle para un segundo mensaje, más cerca de la fecha, cuando ya está confirmado quién viene.

Qué pides en la invitación y qué dejas para la confirmación

Esta es la decisión que más ordena el proceso, y casi nadie la toma a propósito.

En la invitación va la información que tú das: fecha, sitio, hora, vestimenta, transporte.

En la confirmación va la información que pides: si viene, con quién, alergias, menú infantil, si usa el bus. Eso no se pregunta en la invitación, porque la invitación la lee gente que todavía no ha decidido si va — y porque un mensaje que pide media docena de datos a la vez no se contesta.

El orden importa, y el calendario también: la invitación y la petición de confirmación no salen el mismo día. Cuánto antes va cada cosa está en cuándo enviar las invitaciones de boda.

Una excepción: las alergias. Si tu catering cierra el menú con mucha antelación, pídelas ya con la confirmación, en el mismo mensaje, no en una ronda posterior. Cómo preguntarlas para que la respuesta sirva está en alergias e intolerancias en el menú de boda.

Si la invitación es digital, cambia una cosa

No los datos: el formato. Una invitación en papel se lee entera porque está en la mano. Una invitación en el móvil se lee de un vistazo, y ahí se decide si merece atención.

Eso obliga a dos cosas:

  • Lo esencial en las primeras líneas. Nombres, fecha y sitio arriba. El invitado tiene que poder quedarse con eso sin desplegar nada.
  • La confirmación a un toque. Si para confirmar hay que salir del mensaje, buscar un formulario y rellenar campos, mucha gente lo deja para luego. Responder en el mismo hilo donde ha llegado la invitación es lo que convierte «ya te digo» en un sí.

Si vas a enviarla por mensaje, el texto exacto importa más que el diseño. Hay modelos listos para copiar —save the date, invitación, confirmación y recordatorios— en plantillas de mensaje para invitar y confirmar.

Cómo lo hace Kofirma

Eliges el día en que salen las invitaciones y Kofirma las envía por WhatsApp. A partir de ahí, un asistente conversa con cada invitado: confirma asistencia, acompañantes, niños, alergias y bus, y te lo ordena todo en un panel. Incluye recordatorios automáticos para quien no ha respondido, y puedes añadir rondas extra.

Así, los datos que necesitas los recoge la conversación, en el mismo hilo donde llegó la invitación, sin que tengas que perseguirlos uno a uno.


Decide qué va en la invitación y deja que las confirmaciones lleguen solas. Mira cómo Kofirma envía las invitaciones por WhatsApp.